¿QUÉ ES LA MEDITACIÓN?

La meditación es CRECER

Envejecer no es algo valioso: todo animal pasa por eso, sin necesidad de usar la inteligencia. El crecimiento es una experiencia totalmente diferente. El envejecimiento es horizontal. El crecimiento es vertical: te lleva a las alturas, y te conduce a las profundida­des. Y habrá de sorprenderte saber que el tiempo es horizontal, lo cual suena bastante extraño. Pasa un mo­mento, luego viene otro momento, otro y otro más… sucediéndose en una línea, en una línea horizontal. El tiem­po es horizontal, tal como lo es la mente. A una idea le sigue otra, y a ésta, otra, y otra, pero en una línea, una hilera, una procesión o un embotellamiento, pero siempre en forma horizontal.
La meditación es vertical: va más allá de la mente y más allá del tiempo. Y, tal vez, finalmente llegues a la con­clusión de que el tiempo y la mente son equivalentes, son dos nombres del mismo fenómeno: la sucesión de ideas, de momentos. La meditación significa detener tanto el tiempo co­mo la mente, y empezar de repente a elevarse a la eternidad. La eternidad no forma parte del tiempo, y tampoco es un pensamiento; es una experien­cia. ( 15 )

La meditación es NO ESCAPISTA

El hombre que vive en el futuro vi­ve una vida falsificada. No vive ver­daderamente; sólo aparenta vivir. Es­pera vivir, lo desea, pero nunca lo ha­ce. Y el mañana nunca llega; siempre es hoy. Lo que viene es siempre aquí y ahora, y el hombre no sabe vivir el “aquí y ahora”: sólo sabe escaparle. La forma de escapar al “aquí y ahora” se llama deseo, tanha (que es la pala­bra del Buda que hace referencia a una huida del presente, a un escape de lo real hacia lo irreal).
El hombre que desea es un escapis­ta.
Ahora, y esto es muy extraño, se piensa que los meditadores son escapistas. Esto es un completo contrasen­tido. Los meditadores son los únicos no escapistas: todos los demás sí lo son. La meditación implica dejar de lado el deseo, abandonar los pensa­mientos, deshacerse de la mente. La meditación significa relajarse en el momento, en el presente. La medita­ción es lo único en el mundo que no es escapista, a pesar de que se crea que es lo más escapista que hay. Quienes condenan la meditación a menudo lo hacen utilizando el argu­mento de que implica un escape, es­capar de la vida. Sólo dicen cosas sin sentido; no comprenden lo que dicen.
La meditación no implica escapar de la vida. Es escapar hacia la vida. La mente lleva a escapar de la vida; el deseo es escapar de la vida. ( 16 )
La iglesia de Satan (ingles PDF)

La meditación es un DON

Estar en silencio es el arte más simple del mundo. No es una acción, sino una no acción. ¿Cómo puede re­sultar dificultoso?
¡Te estoy mostrando el camino de la iluminación a través de la pereza! No hay que hacer nada para alcanzar la, pues está en tu naturaleza. Ya la tienes; sólo que estás tan ocupado con otras actividades que no puedes perci­bir tu propia naturaleza.
En las profundidades de tu interior es como afuera: la belleza, el silencio, el éxtasis, la dicha. Pero, por favor, a veces ten clemencia contigo: siéntate y no emprendas actividad alguna, ni física ni mental. Relájate, mas no al modo norteamericano… Puesto que he visto tantos libros norteamericanos titulados Cómo relajarse, en los que el título mismo indica que el autor no sabe nada acerca de la relajación: no hay “cómo”.
Sí, está bien: Cómo reparar un au­tomóvil: tienes que hacer algo. Pero no hay acciones como tales en lo con­cerniente a la relajación. Simplemen­te, no hagas nada. Sé que te resultará algo difícil al comienzo. No se debe a que sea dificultoso relajarse, sino a que te has vuelto adicto a la necesidad de hacer algo. Llevará un tiempo su­perar esa adicción.
Sólo sé y contempla. Ser es no ha­cer y contemplar es también no hacer. Te sientas en silencio sin realizar acti­vidad alguna, siendo testigo de todo lo que suceda. Las ideas darán vueltas en tu mente. Puedes sentir cierta ten­sión en algunas partes del cuerpo; te puede doler la cabeza. Sólo sé testigo de lo que pase, no te identifiques con eso. Observa, sé como un observador que desde la montaña contempla lo que sucede en el valle. Es un don, no un arte.
La meditación no es una ciencia, no es un arte. Es un don; no más que eso. Todo lo que necesitas es un poco de paciencia.
Los viejos hábitos habrán de per­durar; las ideas seguirán precipitándo­se. Y tu mente siempre está como si fuera la hora pico, con el tránsito apretado. Tu cuerpo no está acostum­brado a sentarse en silencio: te move­rás y te darás vuelta. No hay de qué preocuparse. Simplemente, observa que el cuerpo se está moviendo y se está dando vuelta, que la mente está convulsionada, llena de ideas (consis­tentes, inconsistentes, fútiles), fanta­sías, sueños. Quédate en el centro, ob­servando.
Todas las religiones del mundo le han enseñado a la gente a hacer algo: detener el proceso de pensamiento, forzar el cuerpo a asumir una postura inmóvil. En esto consiste el yoga: en una larga práctica para forzar al cuer­po a una postura inmóvil. Pero un cuerpo forzado no está inmóvil. Y las oraciones, las concentraciones, las contemplaciones de todas las religio­nes hacen lo mismo con la mente: la fuerzan, no permiten que los pensa­mientos fluyan. Sí, tienes la capaci­dad de hacerlo. Y, si insistes, puedes detener el proceso de pensamiento. Pero esto no es lo real, es absoluta­mente fingido.
Cuando la inmovilidad viene por sí misma, cuando el silencio se instala sin que hagas esfuerzo alguno, cuan­do contemplas los pensamientos y lle­ga un momento en que empiezan a desaparecer las ideas y comienzan a producirse silencios, es hermoso. Los pensamientos se detienen por sí solos si no te identificas, si continúas en la posición del testigo y no dices: “Éste es mi pensamiento.”
No dices: “Esto está bien; esto está mal”, “Esto debería estar allí’ y “Es­to no tendría que estar ahí”. Si lo hi­cieras, ya no serías un observador: tendrías prejuicios, ciertas actitudes. Un observador no tiene prejuicios, no emite juicios de valor; sólo refleja lo que ve, como un espejo.
Cuando pones algo frente a un es­pejo, éste simplemente refleja lo que está delante. No juzga que el hombre es feo, o que es hermoso, ni dice:
“¡Ay! ¡Qué bonita nariz tienes!” El espejo no tiene nada que decir. Su na­turaleza es reflejar, y refleja. Ésta es la razón por la cual hablo de medita­ción: tú sólo reflejas todo lo que suce­de por dentro o por fuera.
Yo te lo garantizo… Puedo garanti­zarlo porque me ha pasado a mí y le ha pasado a mucha de mi gente. Sólo mira con paciencia; tal vez pasen unos pocos días, quizás hasta unos pocos meses, o tal vez unos pocos años. No hay forma de anticiparlo, puesto que cada individuo tiene un ritmo diferente.
Debes haber visto a la gente que junta antiguas estampillas de correo. Cada uno tiene una colección diferen­te; la cantidad puede ser diversa, por lo tanto el tiempo que le lleve a cada uno será diferente; pero trata de seguir como testigo hasta tanto puedas ha­cerlo. Y esta meditación no necesita un tiempo especial. Puedes limpiar el piso y permanecer en silencio obser­vándote a ti mismo limpiando el piso.
Puedo mover la mano sin concien­cia de ello, sin observarla, o bien pue­do moverla con plena conciencia. Y hay una diferencia cualitativa. Cuan­do la mueves en forma inconsciente, es mecánico. Cuando la mueves en forma consciente, hay gracia. Incluso en la mano, que forma parte de tu cuerpo, sentirás silencio, indiferencia.
¿Y qué decir de la mente? Con tu permanente observación, lentamente comienza a reducirse más y más la precipitación de ideas. Comienzan a aparecer momentos de silencio; apa­rece un pensamiento y después hay si­lencio antes de que aparezca otro pen­samiento.
Estas lagunas te brindarán la pri­mera vislumbre de meditación y el primer placer de estar llegando a puerto. ( 17 )

La meditación es CLARIDAD

Una vez que comprendes qué es la meditación, las cosas se aclaran mu­cho. Si no, puedes seguir andando a tientas en la oscuridad. La meditación es un estado de claridad, no un estado de la mente. La mente implica confu­sión; nunca es clara: no puede serlo. Los pensamientos crean nubes a tu al­rededor; nubes sutiles. Éstas generan una neblina, y se pierde la claridad. Cuando las ideas desaparecen, cuan­do no hay más nubes a tu alrededor, cuando te centras sólo en tu ser, se produce la claridad. Entonces, puedes ver mucho más lejos; puedes ver has­ta los confines mismos de la existen­cia. Entonces, tu mirada se torna penetrante, y llega hasta el centro mis­mo del ser.
La meditación es claridad, absolu­ta claridad, de la visión. No puedes pensar en eso. Debes dejar de pen­sar.(  18 )
Los geroglificos egipcios (pdf)

La meditación es VACÍO

Durante siglos se ha estado en con­tra del vacío. El vacío es maravilloso. Gente tonta ha estado diciéndote: “La mente en blanco es obra del Diablo.” ¡La mente en blanco es obra de Dios! La mente ocupada constituye una obra del Diablo.
Pero es necesario estar verdadera­mente vacío. Ser holgazán no signifi­ca estar vacío; no hacer nada no signi­fica estar vacío: miles de ideas vocife­ran en tu interior. Puedes ser holgazán desde lo que se ve de afuera, pero en tu interior puede haber mucho traba­jo.
Pueden alzarse muchas paredes, pueden estarse preparando nuevas prisiones para que, cuando te hartes de las viejas, puedas acceder a las nuevas. En cualquier momento, pue­den quebrarse las viejas cadenas; por eso, puedes estar creando cadenas nuevas por si se rompen las viejas. Entonces, te sentirás muy vacío.
De vez en cuando sucede natural­mente, porque es tu misma naturaleza ser libre. Entonces, de vez en cuando, a pesar de ti… mirando un atardecer, de repente olvidas todos tus deseos. Olvidas toda ansia, todos tus anhelos de placer.
El atardecer es tan hermoso, tan so­brecogedor, que olvidas el pasado y el futuro: sólo queda el presente. Eres uno con el momento, no hay un ob­servador y un observado. El observa­dor se transforma en el objeto obser­vado. Tú no estás separado del atarde­cer.
Te une un puente a él. En esta co­munión accedes a un claro, y en vir­tud de él te sientes alegre. Pero nueva­mente vuelves a caer en el agujero ne­gro, por la simple razón de que, para salir al claro, necesitas el coraje de quedarte bajo el cielo vacío.
Esto es lo que llamo sannyas. Denomino a este coraje sannyas: no escapar, sino llegar al claro, con­templando el cielo sin nubes, oyendo los cantos de los pájaros sin distorsio­nes. Y, entonces, una y otra vez te vas adaptando al vacío y al placer de estar vacío.
Lenta, lentamente, ves que el vacío es algo más que el vacío. Implica una plenitud, una plenitud de algo de lo que nunca has tenido conciencia, una plenitud de algo que nunca has sabo­reado.
Es decir que al principio parece vacío, y al final está lleno, totalmente lleno, abrumadoramente lleno. Está lleno de paz, está lleno de silencio, es­tá lleno de luz. ( 19 )
El libro de las Sombras (pdf)

La meditación es INTELIGENCIA

Mantén una mirada profunda den­tro de tu mente: fíjate cuáles son sus motivaciones. Cuando haces algo, busca de inmediato la motivación pues, si ésta se te escapa, la mente se­guirá engañándote y diciéndote que la motivación es otra. Por ejemplo: lle­gas a casa enojado y golpeas a tu hijo. Tu mente dirá: “Es por su bien, para enseñarle a comportarse.” Esto es una racionalización. Busca más profunda­mente… Estabas enojado y buscabas a alguien con quien pudieras enfurecer­te. No podías pelearte con el jefe de la oficina, pues él es demasiado fuerte para enfrentarlo: sería un riesgo, ade­más de un peligro desde el punto de vista económico. Necesitabas a al­guien indefenso. Ahora, como este ni­ño está totalmente indefenso, depende de ti; no puede reaccionar, no puede hacer nada, no puede pagarte con la misma moneda. No podrías encontrar una víctima más perfecta.
Reflexiona: ¿estás enojado con el niño? Si lo estás, quiere decir que la mente te está embaucando.
La mente te engaña permanente­mente, las veinticuatro horas del día, y tú contribuyes a ello. Entonces, al final, te sientes miserable y te ganas el infierno. Busca en todo momento la motivación correcta. Si puedes encon­trarla, la mente tendrá cada vez me­nos posibilidades de engañarte. Y, cuanto más te alejes de la impostura, tanto más capaz serás de moverte más allá de la mente, y de transformarte en maestro.
Me he enterado…
Un científico le decía a un amigo: -No entiendo por qué insistías en que tu mujer usara un cinturón de cas­tidad mientras fuimos a la conven­ción. Después de todo, entre nosotros, como viejos camaradas, con la cara y la figura de Emma, ¿quién querría…? -Lo sé, lo sé -respondió el otro-. Pero, cuando vuelvo a casa, siempre puedo decir que he perdido la llave.
Reflexiona, busca la motivación in­consciente. La mente sigue intimidán­dote y dominándote, porque no eres capaz de ver sus verdaderas motiva­ciones. Una vez que una persona pue­de descubrir las verdaderas motiva­ciones, la meditación está muy cer­ca… porque entonces la mente deja de ejercer dominio sobre ella.
La mente es un mecanismo, carece de inteligencia. La mente es una com­putadora biológica, ¿cómo podría ser inteligente? Tiene cierta habilidad, pero no tiene inteligencia; tiene una utilidad funcional, pero carece de conciencia. Es un robot; funciona bien, pero no debes escucharla dema­siado, pues entonces perderás tu inte­ligencia interior. Entonces, es como si le estuvieras pidiendo a una máquina que te guiara, que te conduciera. Se lo estarías pidiendo a una máquina que no tiene en sí nada original: no puede tenerlo. Ni una sola idea de la mente es original; siempre es una repetición. Observa: siempre que la mente afirma algo, fíjate que te hace entrar en una rutina. Intenta hacer algo nuevo, y de esa manera disminuirá el poder de do­minación de la mente sobre ti.
Quienes de alguna manera son creativos siempre pueden transfor­marse sin dificultad en meditadores, mientras que quienes carecen de crea­tividad en sus vidas lo encuentran muy difícil. Si tienes una vida repeti­tiva, la mente tiene demasiado control sobre ti: no puedes alejarte de ella, por temor. Haz algo nuevo cada día. No prestes atención a la antigua ruti­na. De hecho, si la mente afirma algo, respóndele: “Esto es lo que hemos he­cho siempre; ahora, hagamos algo di­ferente.” Aunque sean pequeños cam­bios… en el modo en que siempre te has comportado con tu esposa, sólo pequeños cambios; en la forma en que siempre caminas, sólo pequeños cam­bios; en el modo en que siempre ha­blas, pequeños cambios. Y verás que la mente va perdiendo su poder de do­minarte, a la par que tú te vas liberan­do. ( 20 )
El Dios de los Brujos (pdf)

La meditación es PURIFICACIÓN

Cualquier cosa que hagas, realízala con profunda conciencia; así, incluso las cosas pequeñas se tornan sagra­das. Entonces, limpiar o cocinar se vuelven cosas sagradas; se hace culto de ellas. La cuestión no es la actividad que estás realizando, sino cómo la es­tás haciendo. Puedes limpiar el piso como si fueras un robot, un objeto mecánico. Tienes que limpiarlo, en­tonces lo haces. Pero así te pierdes al­go hermoso, y malgastas esos mo­mentos sólo en limpiar el piso. Lim­piar el piso podría haber sido una gran experiencia, y la has dejado pasar. El piso está limpio, pero algo que podría haber sucedido dentro de ti no se produjo. Si hubieras estado consciente, la purificación no hubiera afectado sólo al piso, sino también a ti mismo. Lim­pia el piso pleno de conciencia, ilumi­nado de conciencia. Trabaja, o siénta­te, o camina, pero hay algo que debe ser el hilo conductor, con cierta conti­nuidad: ilumina de conciencia cada vez más momentos de tu vida. Deja que la vela de la conciencia se encien­da en cada momento, en cada acto. La iluminación no es sino el efecto acu­mulativo. El efecto acumulativo (to­dos los momentos juntos, pequeñas velas juntas) da por resultado una gran fuente de luz. ( 21 )

La meditación es un FLORECIMIENTO

Recuerda que la meditación te dará más y más inteligencia, infinita y ra­diante inteligencia. La meditación te volverá más vivo y más sensible; tu vida se enriquecerá. Observa a los as­céticos: sus vidas se han vuelto como si no fueran vidas. Ellos no son medi­tadores. Pueden ser masoquistas, que se torturan a sí mismos y gozan del sufrimiento… La mente es muy astu­ta: sigue haciendo cosas y racionali­zándolas. Por lo común, tu actitud es violenta hacia los demás, pero la mente es muy hábil: puede aprender la no violencia, predicar la no violen­cia, pero volverse violenta hacia sí misma. Y la violencia que ejerces contra ti mismo en general se respeta, pues la gente tiene la idea de que ser ascético significa ser religioso. Éstas son meras tonterías. Dios no es ascé­tico; de no ser así, no existirían las flores, ni árboles verdes: sólo habría desiertos. Dios no es ascético; de no ser así, no existirían nula música ni la danza de la vida: sólo habría cemen­terios y más cementerios. Dios no es ascético, sino que disfruta de la vida. Dios es más epicúreo de lo que pue­des imaginar. Si piensas en Dios, piensa en términos epicúreos. Dios es una búsqueda permanente de más y más felicidad, placer, éxtasis. Recuér­dalo.
Pero la mente es muy astuta. Puede racionalizar la parálisis como medita­ción; puede racionalizar el desinterés como trascendencia; puede racionali­zar la muerte como renuncia. Mantén la conciencia. Siempre recuerda que, si te mueves en la dirección correcta, seguirás floreciendo. ( 22 )

La meditación es TOMAR CONCIENCIA

Y recuerda: cada situación debe transformarse en una oportunidad pa­ra la meditación. ¿Qué es la medita­ción? Ser consciente de lo que estás haciendo, ser consciente de lo que te está pasando.
Alguien te insulta: adquiere con­ciencia de qué te sucede cuando reci­bes el insulto. Medita acerca de ello; esto modifica toda la estructura de la situación. Cuando alguien te insulta, te concentras en la persona: “¿Por qué me insulta? ¿Quién se cree que es? ¿Cómo podría vengarme?” Si el otro es muy poderoso, te rindes, comien­zas a mover ligeramente la cola. Si no es muy poderoso y lo ves débil, te abalanzas sobre él. Pero en todo esto te olvidas por completo de ti mismo. El otro se transforma en el foco de tu atención. Esto implica perder una oportunidad para la meditación. Cuando alguien te insulte, medita. Como dijo Gurdjieff: “Cuando mi pa­dre estaba agonizando, yo tenía sólo nueve años. Me pidió que me acerca­ra a su lecho y me murmuró al oído: -`Hijo, no te dejo mucho, al menos no en cosas terrenales. Pero tengo al­go para contarte, algo que a mí me di­jo mi padre en su lecho de muerte. Me ha ayudado muchísimo; siempre ha sido mi tesoro. Aún no estás muy ma­duro; tal vez no entiendas lo que digo, pero consérvalo, recuérdalo. Alguna vez crecerás y entonces podrás com­prender. Ésta es la clave que abre las puertas de grandes tesoros.
Por supuesto que Gurdjieff no po­día entenderlo en ese momento, pero fue esto lo que habría de modificar to­da su vida. Y su padre dijo algo muy simple. Dijo: “Cuando alguien te in­sulte, hijo mío, dile que meditarás acerca de ello durante veinticuatro horas y después volverás para respon­derle.”
Gurdjieff no podía creer que esto fuera una clave tan importante. No podía creer que eso fuera algo tan va­lioso que debiera recordarlo. Y pode­mos ser indulgentes con un pequeño de nueve años. Pero, como eso fue al­go dicho por su agonizante padre, que tanto lo había amado y que, apenas lo dijo, dio su último aliento, quedó gra­bado en él. No podía olvidarlo. Cada vez que se acordaba de su padre, re­cordaba su frase.
Sin comprenderla realmente, co­menzó a practicarla. Si alguien lo in­sultaba, decía:
“Señor, tengo que meditar respecto de ello durante veinticuatro horas. Es lo que me ha dicho mi padre, que ya no está aquí. Y yo no puedo desobe­decer a un anciano muerto. Me quería muchísimo, y yo lo quería muchísimo a él; ahora, no hay manera de desobe­decerlo. Uno puede desobedecer a su padre mientras está vivo pero, cuando ha muerto, ¿cómo podría no hacerle caso? Así que, por favor, discúlpeme. Volveré en veinticuatro horas y le res­ponderé.”
Decía: “Meditar durante veinticua­tro horas me ha aportado las más cla­ras visiones de mí mismo. A veces, he descubierto que el insulto era correc­to, que eso es lo que soy. Entonces, buscaba a la persona y le decía: ‘Se­ñor, gracias, tenía usted razón. No fue un insulto, sino sólo un comentario sobre algo real. Me llamó estúpido, y lo soy.’
O a veces me ha pasado que medi­tar durante veinticuatro horas me lle­vaba a darme cuenta de que se trataba de una absoluta mentira. Pero, cuando algo es mentira, ¿por qué ofenderse? Entonces, nunca iba a decirle a esa persona que había mentido. Una men­tira es una mentira, ¿por qué moles­tarse por ella?”
La contemplación y la meditación, poco a poco, lo volvieron más atento a sus propias reacciones que a las de los demás. ( 23 )

La meditación es DIVERSIÓN

Millones de personas se privan de hacer meditación porque se le ha atri­buido a la meditación una connota­ción errónea.
Se la ve como algo serio y depri­mente, se considera que contiene algo de religiosidad, se cree que es sólo para quienes están muertos, o casi muertos, para quienes son serios, me­lancólicos, tienen caras largas, han perdido el carácter festivo, la diver­sión, la naturaleza lúdica y las ganas de celebrar.
Éstas son las características de la meditación. Una persona verdadera­mente meditativa es de naturaleza lú­dica: para ella, la vida es diversión, una leela, un juego.
Y lo disfruta en gran forma. Esta persona no es seria; está relajada. ( 24 )

La meditación es COMPRENSIÓN

Tendrás que entender una de las cosas más importantes acerca de la meditación: que no hay técnica algu­na que nos conduzca a ella.
En lo concerniente a la meditación, no hay diferencia entre las llamadas antiguas técnicas y las nuevas técni­cas de retroalimentación biológica. La meditación no es un producto ob­tenido a través de la mente. Se produ­ce más allá de la mente. No hay técni­ca alguna que pueda ir más allá de la mente.
Pero habrá de producirse un ma­lentendido en los círculos científicos, y sobre cierta base. La base de todo el malentendido es la siguiente: cuando el ser de una persona se encuentra en estado de meditación, genera ciertas ondas en su mente. Estas ondas pue­den ser provocadas desde afuera por medios técnicos. Pero esas ondas no darán lugar a la meditación. Allí radi­ca el malentendido.
La meditación genera esas ondas; es la mente que refleja el mundo inte­rior.
Lo que sucede en el interior de ca­da uno no es observable. Pero lo que ocurre en la mente sí lo es. Ahora hay sensibles instrumentos… que nos per­miten evaluar qué clase de ondas se producen cuando una persona está dormida, qué clase de ondas se produ­cen cuando una persona está soñando, qué clase de ondas se producen cuan­do una persona está en estado de me­ditación.
Pero, creando estas ondas, uno no puede generar la situación: estas on­das no son más que síntomas, indica­dores.
Está muy bien: puedes analizarlas. Pero recuerda que no existen atajos para acceder a la meditación, y que ningún recurso mecánico demuestra ser útil para ello. De hecho, la medi­tación no requiere de técnica alguna, ni científica ni de otra clase.
La meditación es sólo compren­sión.
No se trata de sentarse en silencio. No se trata de cantar un mantra. Se trata de comprender los sutiles meca­nismos de la mente. A medida que de­sentrañas esos mecanismos mentales, vas adquiriendo una gran conciencia que no proviene de la mente. Este co­nocimiento va surgiendo en tu ser, en tu alma, en tu conciencia.
La mente no es más que un meca­nismo pero, cuando ese conocimiento aparece, seguro que habrá de generar a su alrededor un cierto patrón de energía. La mente nota ese patrón de energía. La mente tiene un mecanis­mo muy sutil.
Y tú estás estudiándolo desde afue­ra; por lo tanto, cuanto mucho, puedes analizar la mente. Al ver que siempre que alguien está en silencio, sereno y en paz, siempre, inevitablemente, aparece cierto patrón de ondas en su mente, el razonamiento científico afirmará: si podemos crear este patrón de ondas en la mente a través de cier­tas técnicas de retroalimentación bio­lógica, entonces el ser interior alcan­zará grandes niveles de conocimiento. Esto no va a suceder.
Estas ondas de la mente no consti­tuyen la causa de la meditación; al contrario, son su efecto. Pero no po­demos ir del efecto hacia la causa. Es posible crear ciertos patrones en la mente a través de la retroalimentación biológica, y estos patrones de ondas pueden provocar una sensación de paz, de silencio y de serenidad en la persona. Como ella misma ignora lo que es la meditación y no tiene mane­ra de comparar, puede ser llevada a creer que eso es la meditación. Pero no lo es. Porque, en el momento en que se detiene el mecanismo de re­troalimentación biológica, las ondas desaparecen, al igual que el silencio, la paz y la serenidad.
Y puedes continuar practicando con esos instrumentos científicos du­rante años: no cambiará tu carácter, no cambiará tu moralidad, no cambia­rá tu individualidad. Seguirás exacta­mente igual.
La meditación es transformadora. Te lleva a niveles más altos de con­ciencia y modifica todo tu estilo de vida. Transforma tus reacciones en respuestas hasta tal punto que resulta increíble que la misma persona que hubiera reaccionado con furia en una situación, ahora actúe con profunda compasión y con actitud amorosa en la misma situación.
La meditación es un estado del ser, al que se accede a través de la com­prensión.
Requiere de inteligencia; no de téc­nicas. ( 25 )

La meditación es ENCANTO

La meditación es simplemente sen­tirse encantado de la propia presencia. La meditación es el encanto de la pro­pia existencia. Es muy simple: un es­tado de conciencia en completa rela­jación, en el cual no haces nada. Cuando llega el momento de actuar, te pones tenso. De inmediato llega la ansiedad. ¿Cómo hacer? ¿Cómo lo­grarlo? ¿Cómo no rendirse? Ya has avanzado hacia el futuro. La medita­ción consiste simplemente en existir, sin hacer nada: ni acciones, ni pensa­mientos, ni emociones. Simplemente existes, y sólo te sientes encantado.
¿De dónde proviene este encanto cuando no estás realizando actividad alguna? No viene de ninguna parte, o bien procede de todas partes. No hay razones para él, pues la existencia es­tá hecha de un material llamado júbi­lo. Éste no requiere de causa, de razón alguna. Si estás triste, tienes un moti­vo para estarlo. Si estás feliz, simple­mente lo estás: no hay razones para ello. Tu mente tratará de encontrar una razón, porque no puede creer en lo inmotivado, por no poder contro­larlo. Con lo inmotivado, la mente se torna simplemente impotente. Por eso, la mente sigue hallando una u otra razón. Pero quiero decirte que, cuando estás feliz, no hay razón algu­na para ello. Cuando estás triste, tie­nes algún motivo para estarlo. Esto se debe a que la felicidad no es sino el material del cual estás hecho. Es tu propio ser, tu esencia más íntima. El júbilo es tu esencia más íntima.
Mira los árboles, los pájaros, las nubes, las estrellas… Y, si tienes ojos para ello, serás capaz de ver que la existencia toda está llena de alegría. Todo es simplemente dicha. Los árbo­les son felices sin razón alguna; no van a ser primeros ministros ni presi­dentes, no se volverán ricos ni recibi­rán nunca un resumen bancario. Con­templa las flores: no hay motivos. Es simplemente increíble lo alegres que son las flores.
La existencia toda está hecha del material llamado alegría. ( 26 )

La meditación es RELAJACIÓN
El libro Azul (pdf)

La meditación es una pausa, un descanso total, una completa deten­ción de toda actividad: física, mental, emocional. Cuando te tomas un des­canso tan profundo, nada se agita en tu interior. Cuando abandonas toda acción en sí, como si estuvieras me­dio dormido a pesar de estar despier­to, llegas a saber quién eres. De re­pente, se abre la ventana. No se la puede abrir con esfuerzo, pues el es­fuerzo genera tensión, y ésta es la causa de todas nuestras desdichas. Por esta razón, es muy importante comprender esto: la meditación no es un esfuerzo.
Uno debe tener una actitud lúdica respecto de la meditación, aprender a disfrutarla como algo divertido. Uno no debe tomarla de manera seria y formal. Si lo hace, está perdido. Uno debe llegar a la meditación en forma muy placentera. Y tiene que ser cons­ciente de que está cayendo en un des­canso más y más profundo. No se tra­ta de concentración; por el contrario, se trata de relajación. Cuando estás completamente relajado, por primera vez comienzas a sentir tu propia reali­dad; te enfrentas a tu propio ser. Mientras estás en actividad, estás tan ocupado que no puedes verte a ti mis­mo. La actividad crea mucho humo a tu alrededor, levanta mucho polvo a tu alrededor. Por eso es necesario aban­donar toda actividad, al menos duran­te unas horas por día.
Esto es así sólo al comienzo. Una vez que has aprendido el arte del des­canso, puedes estar en actividad y en reposo al mismo tiempo, porque en­tonces sabes que el descanso es algo tan íntimo que nada que provenga de afuera puede perturbarlo. La activi­dad continúa en la periferia, mientras que, en el centro, tú sigues en reposo. Entonces, sólo al comienzo hay que abandonar toda actividad durante al­gunas horas. Cuando uno ha incorpo­rado el arte, ya no hay problema: uno puede permanecer en estado de medi­tación durante las veinticuatro horas del día y continuar al mismo tiempo con todas las actividades de su vida cotidiana.
Pero recuerda: la palabra clave es descanso, relajación. Nunca vayas en contra del descanso y la relajación. Acomoda tu vida de tal manera que dejes de lado toda actividad inútil (pues el noventa por ciento de las actividades son vanas: no tienen otro fin que matar el tiempo y mantenerse ocupado). Haz únicamente lo esencial y dedica cada vez más tus energías a tu viaje interior. Entonces, se produce aquel milagro en el momento en que puedes estar al mismo tiempo en re­poso y en actividad. Es la reunión de lo sagrado con lo mundano, la reu­nión del materialismo con el espiri­tualismo. ( 27 )

La meditación es FRIALDAD

Si recurres a los monjes católicos, jainistas o budistas, los notarás muy nerviosos. Tal vez no estén tan ner­viosos en sus monasterios pero, si los sacas al mundo, los notarás muy, muy nerviosos, porque a cada paso se to­pan con una tentación. Un hombre de meditación llega a un punto en que ya no tiene tentaciones. Trata de enten­derlo. La tentación nunca proviene de afuera; es el deseo reprimido, la ener­gía reprimida, la ira reprimida, la se­xualidad reprimida, la avidez reprimi­da, lo que da origen a la tentación. La tentación surge de tu interior; no tiene nada que ver con cosas exteriores. No es que aparezca un diablo y te tiente; es tu propia mente reprimida que se vuelve maligna y ansía vengarse. Pa­ra controlar a esta mente, uno debe mantenerse tan frío e indiferente que la energía vital no pueda recorrer las extremidades ni el cuerpo. Si se per­mite la circulación de la energía, esas represiones aflorarán a la superficie. Por eso la gente aprende cómo mante­nerse insensible, cómo tocar a los otros y a pesar de ello no tocarlos, có­mo ver a la gente y al mismo tiempo no verla. La gente vive con clichés: “Hola, ¿cómo estás?” Nadie quiere decir nada con estas frases. Tienen la única finalidad de evitar el verdadero encuentro entre dos personas. Nadie mira al otro a los ojos, le toma las ma­nos ni trata de sentir la energía del otro. La gente no se permite abrirse al otro. Muy asustada, la gente apenas se controla de alguna manera… Fríos y muertos, con camisa de fuerza.
Un hombre de meditación aprende a estar lleno de energía, a un nivel má­ximo, óptimo. Vive en la cima; hace de la cima su morada. Con seguridad, tiene su calidez, pero no es fervoroso; sólo muestra señales de vida. No es de temperamento caliente; es frío, pues no se deja llevar por sus deseos. Es tan feliz que ya no busca la felici­dad. Se siente tan cómodo, tan como en casa, que no va hacia ningún lado; no anda a las corridas ni persigue na­da… Es insensible y frío. ( 28 )
el gran grimorio (pdf)

La meditación es UNIDAD

El sexo resulta tan atractivo porque permite que dos seres, durante un ins­tante, se transformen en uno. Pero, en ese momento, no tienes conciencia. Buscas lo inconsciente porque aspiras a la unidad. Pero, cuanto más lo bus­ques, tanto más pendiente estarás. En­tonces, no sentirás el éxtasis del sexo, pues el éxtasis surge de lo inconscien­te. Puedes dejar de lado la conciencia en un momento de pasión. La con­ciencia se pierde. Durante un breve instante, estás en un abismo, pero sin conciencia de ello. Pero, cuanto más lo buscas, tanto más se pierde. Final­mente, llega un momento en que, en situaciones sexuales, el momento de falta de conciencia ya no se produce. Se pierde el abismo, el éxtasis. Enton­ces, el acto sexual se transforma en al­go estúpido. Es sólo una liberación mecánica, sin que haya en él nada de espiritual.
Únicamente conocemos la unidad inconsciente; nunca hemos tenido ac­ceso a la unidad consciente. La medi­tación es unidad consciente; es decir, es el otro polo de la sexualidad. El se­xo está en un polo: el de la unidad in­consciente; la meditación está en el otro: el de la unidad consciente. La sexualidad está en lo más bajo de la escala de la unidad, mientras que la ­meditación está en lo más alto, en la cima de la escala de la unidad. La di­ferencia radica en el grado de con­ciencia.
La mentalidad occidental piensa actualmente en la meditación porque el sexo ha perdido su atractivo. Cada vez que una sociedad se vuelve per­misiva respecto del sexo, aparece la meditación, porque el sexo sin inhibi­ciones elimina la magia y el romanti­cismo de la sexualidad, anula su as­pecto espiritual. Ahí hay mucho sexo, con lo cual uno no puede seguir sin tener conciencia de ello. Una socie­dad reprimida sexualmente puede se­guir siendo erótica, pero una sociedad liberada, desinhibida, no puede con­servar para siempre su erotismo. Tie­ne que ser trascendida. Por lo tanto, si una sociedad es sexual, ha de seguirla la meditación. Para mí, una sociedad liberada en el terreno sexual es el pri­mer paso hacia la exploración y la búsqueda. ( 29 )
enciclopedia de Ocultismo I (ingles)
enciclopedia de Ocultismo II (ingles)

La meditación es RECREACIÓN

No estoy en contra del sexo, y no estoy diciendo que lo abandones. Es­toy pidiendo que lo entiendas, que medites acerca de este tema, y que no te quedes sólo haciendo el amor de manera inconsciente. Y eso hará de tu meditación la más grande de todas. Está más consciente, alerta, pendien­te, y observa lo que sucede realmente. Este momento de éxtasis, ¿se produce por medio del sexo o porque no hay más sexo durante un rato y el deseo ha desaparecido? Durante unas horas después de hacer el amor, no piensas en el sexo. De ahí la paz, la calma, la tranquilidad. Nuevamente surgirá el deseo y volverán las perturbaciones; nuevamente se producirá un distur­bio: el lago se agitará y hará olas.
Si uno medita acerca de su propia sexualidad, uno comienza a compren­der grandes secretos de la vida que allí se ocultan. La clave está en el se­xo. La sexualidad no sólo es la clave para la reproducción, sino también para volver a recrearse a uno mismo. No es sólo reproducción; es verdade­ra recreación.
La palabra “recreación” ha perdido su significado original. Ahora, “re­creación” alude a disfrutar unas vaca­ciones, a gozar jugando por ahí. Pero, de hecho, cada vez que juegas o estás de vacaciones, en ti se crea algo nue­vo. Es verdaderamente re-creación; es algo más que placer. Algo que en el trabajo y en el mundo cotidiano mue­re, aquí renace. Y el sexo se ha trans­formado en el acto más recreativo de la vida de la gente. Constituye su ac­to re-creativo. Pero, en un plano supe­rior, es realmente recreativo, y no só­lo placer. Guarda en sí grandes secre­tos, y el primero de ellos es (si medi­tas, lo descubrirás) que el placer se produce porque el sexo desaparece. Y, cuando estás viviendo ese momento de placer, también el tiempo desapa­rece (si meditas), la mente también desaparece. Y éstas son las caracterís­ticas de la meditación.
Mi opinión es que la primera vis­lumbre de meditación debe de haber aparecido en el mundo por medio del sexo; no hay otra posibilidad. La me­ditación debe de haber cobrado vida a través de la sexualidad, pues el sexo es el fenómeno más meditativo (si lo comprendes, si llegas a lo profundo de él, si no lo usas como si fuera una droga). Entonces, poco a poco, a me­dida que crece la comprensión del fenómeno, tanto más desaparece el de­seo, hasta que llega un día de gran li­beración, en el cual el sexo deja de obsesionarte. Entonces, uno está tran­quilo, callado, completamente uno mismo. Ha desaparecido la necesidad del otro. Si quiere, uno igual puede hacer el amor, pero no es necesario.
Entonces, será una especie de acto compartido. ( 30 )

La meditación es DESCANSO

Cuando digo “Abandona el yo y la mente”, no quiero decir que ya no puedas utilizar la mente. De hecho, cuando no te quedas pegado a la men­te, puedes usarla mucho mejor, de manera mucho más eficiente, porque la energía que usabas para adherirte a ella queda disponible. Y, cuando no estás continuamente en el terreno de la mente, las veinticuatro horas del día centrado en ella, también le das a la mente un tiempo de descanso.
¿Sabes? Hasta los metales necesi­tan descansar; hasta los metales se fa­tigan. Entonces, ¿qué decir de este su­til mecanismo de la mente? Es el me­canismo más sutil del mundo. En un cráneo tan pequeño, tienes una bio­computadora tan compleja que no existe aún ninguna computadora crea­da por el hombre que sea capaz de competir con la mente. Los científi­cos dicen que el cerebro de un solo hombre podría albergar todas las bi­bliotecas del mundo y aún quedaría algo más de espacio.
Y estás usándola permanentemen­te. ¡Para nada, innecesariamente! Te has olvidado de cómo apagarla. Que­da encendida durante setenta u ochen­ta años, funcionando y funcionando, y se fatiga. Por eso la gente pierde in­teligencia: por la sencilla razón de que están muy cansados. Si la mente pudiera descansar un poco, si pudie­ras dejarla tranquila durante unas ho­ras por día, si de vez en cuando le die­ras un descanso a tu mente, ella reju­venecería, se volvería más inteligente, más eficiente, más capacitada.
Entonces, no digo que no utilices tu mente, sino que no seas usado por ella. Justamente en este momento, la mente es el amo y tú el esclavo.
La meditación te hace amo y trans­forma a la mente en esclava. Y recuer­da: la mente como amo es peligrosa, porque, después de todo, no deja de ser una máquina. Pero la mente como esclava es extremadamente útil y im­portante. Una máquina debe funcio­nar como tal, no como amo. Nuestras prioridades están todas del revés: es tu conciencia la que debería ocupar el lugar del amo.
Entonces, cada vez que quieras usarla, tanto en Oriente como en Oc­cidente (por supuesto que la necesita­rás en el mundo mercantil), ¡úsala! Pero, cuando no la necesites, cuando estés descansando en tu casa, junto a la pileta de natación o en el jardín, no hay necesidad: i déjala de lado y olví­dala! Simplemente, existe.
Obras completas de Gibran Khalil

La meditación es ser el AMO

La sociedad no podría existir sin el lenguaje; necesita de él. Pero la exis­tencia no. No estoy diciendo que de­bas existir sin el lenguaje. Tienes que usarlo. Pero tienes que ser capaz de encender y apagar el mecanismo de verbalización. Cuando existes como un ente social, es necesario el meca­nismo del lenguaje. Pero, cuando es­tás a solas con la existencia, debes ser capaz de apagarlo. Si no puedes ha­cerlo, continúa funcionando y no pue­des detenerlo. Entonces, te transfor­mas en un esclavo de este mecanismo. La mente debe ser un instrumento, no el amo.
Cuando la mente se transforma en el amo, se produce un estado no me­ditativo. Cuando el amo eres tú, cuan­do el amo es tu conciencia, hay un es­tado meditativo. Entonces, la medita­ción implica transformarse en el amo del funcionamiento de la mente. ( 32 )

La meditación es en el INTERVALO

Toma conciencia de tus procesos mentales, de cómo funciona tu mente. En el momento en que adquieres conciencia del funcionamiento de tu mente, te separas de ella. La misma conciencia significa que tú estás más allá de la mente: te mantienes aparta­do, eres testigo. Y, cuanto más alerta estés, más capaz serás de notar los in­tervalos que separan la experiencia de las palabras. Los intervalos están allí, pero tú estás tan poco alerta que nun­ca los percibes. Entre dos palabras siempre hay un intervalo, por más im­perceptible o pequeño que sea. Si no fuera así, las dos palabras no podrían seguir siendo dos: se transformarían en una sola. Entre dos notas musica­les, siempre hay un intervalo, un si­lencio. Dos palabras o dos notas no podrían ser dos si entre ellas no exis­tiera un intervalo. Siempre hay allí un silencio, pero uno debe estar realmen­te concierte y atento para percibirlo.
Cuanto más consciente estés, más lenta se vuelve la mente. Siempre es proporcional: a menor grado de con­ciencia, tanto más rápido trabaja la mente; y, a mayor grado de concien­cia, tanto más lento será el funciona­miento de la mente. Cuando estás más pendiente de la mente, más lenta se vuelve, mientras que aumentan los in­tervalos que separan a dos pensa­mientos. Entonces, puedes notarlos.
Es como una película. Cuando el proyector pasa la cinta en cámara len­ta, puedes ver los intervalos. Si levan­to la mano, esto se divide en miles de partes, cada una de las cuales será una sola foto. Si estas miles de fotos pa­san ante tus ojos a una velocidad tal que no llegas a ver los intervalos, ve­rás la elevación de la mano como un proceso. Pero, en cámara lenta, pue­des percibir los intervalos.
La mente es como una película: los intervalos están allí. Cuanta más aten­ción le prestes a tu mente, tanto más los percibirás. Es como el cuadro ges­talt: un cuadro que contiene al mismo tiempo dos imágenes diferentes. Uno puede ver una imagen o la otra, pero no puede ver las dos al mismo tiempo. Puede ser un cuadro de una anciana y, al mismo tiempo, de una joven. Pero, si has visualizado una de las dos imá­genes, no puedes ver la otra; y, cuan­do has visualizado la otra, se pierde la primera. Aun cuando sepas perfecta­mente bien que has visto las dos imágenes, no puedes ver ambas simultá­neamente.
Lo mismo sucede con la mente. Si ves las palabras, no puedes percibir los intervalos; y, si ves los intervalos, se te pierden las palabras. Toda pala­bra es seguida de un intervalo, y todo intervalo es seguido de una palabra, pero no puedes registrar ambos de manera simultánea. Si te concentras en los intervalos, se pierden las pala­bras y te ves arrojado en la medita­ción.
Una conciencia que sólo se con­centra en las palabras no es meditati­va, mientras que una conciencia que se concentra únicamente en los inter­valos lo es. Cada vez que tomes con­ciencia de los intervalos, se perderán las palabras. Si observas con aten­ción, no encontrarás palabras: sólo hallarás un intervalo.
Puedes percibir la diferencia entre dos palabras, pero no puedes registrar la diferencia entre dos intervalos. Las palabras son siempre plurales, mien­tras que el intervalo es siempre singu­lar: “el” intervalo. Se funden y se transforman en uno. La meditación implica concentrarse en el intervalo. ( 33 )

La meditación es en el PRESENTE

La mente se concentra: actúa a par­tir del pasado. La meditación actúa en el presente, a partir del presente. Es una pura respuesta dirigida al presen­te, no una reacción. No actúa a partir de las conclusiones, actúa viendo lo existencial. Analiza tu vida: hay una gran diferencia cuando actúas a partir de las conclusiones. Ves un hombre y sientes que te atrae: es un hombre her­moso, luce muy bien, parece inocen­te. Tiene ojos bellos, su mirada es her­mosa. Pero después el hombre se pre­senta y dice: “Soy judío”, cuando tú eres cristiano. Algo se quiebra de in­mediato y se produce un distancia­miento: ahora, el hombre ya no es inocente, ya no es hermoso. Tú tienes ciertas ideas sobre los judíos. O bien él es cristiano cuando tú eres judío y tienes ciertas ideas sobre los cristia­nos (lo que la cristiandad les ha hecho a los judíos históricamente, lo que otros cristianos les ha hecho a los ju­díos, cómo han torturado judíos a tra­vés de los años… Y él es cristiano), y algo de repente cambia. Esto es actuar a partir de conclusiones, de prejui­cios, en lugar de mirar a este hombre; porque este hombre puede no ser la clase de hombre que crees que debe ser un judío… Pues cada judío es una clase de hombre diferente, cada hindú es una clase de hombre diferente, al igual que cada mahometano. No pue­des actuar desde los prejuicios. No puedes actuar rotulando a la gente. No puedes encasillar a la gente; nadie puede ser encasillado. Puede haberte engañado una centena de comunistas pero, cuando conoces al comunista número ciento uno, no sigas soste­niendo la categoría que tu mente ha creado: que los comunistas son im­postores, o lo que sea. Éste puede ser otra clase de hombre, dado que no hay dos personas iguales. Siempre que actúas a partir de conclusiones, se trata de la mente. Cuando puedes ob­servar el presente sin permitir que ninguna idea obstruya la realidad ni los hechos, simplemente contemplas el hecho y actúas a partir de esta ob­servación: eso es la meditación. ( 34 )
Guia de medicina natural I
Guia de medicina natural II
Guia de medicina natural III

La meditación es un ACONTECIMIENTO

Cuando digo que debes abandonar el pensamiento, no creas que es inme­diato, porque yo tengo que usar el lenguaje. Entonces, afirmo “abando­na el pensamiento” pero, si empiezas a abandonarlo, te perderás, porque nuevamente lo reducirás a una acción. “Abandona el pensamiento” significa simplemente que no hagas nada. Siéntate. Deja que las ideas se aclaren por sí solas. Deja que la mente suene en su propio acorde. Limítate a sen­tarte contemplando la pared, en un rincón silencioso, sin hacer nada de nada. Relajado, flojo, sin hacer es­fuerzo alguno, sin ir a ningún lado. Como si estuvieras quedándote dormido despierto: estás despierto y te estás relajando, pero todo el cuerpo se va quedando dormido. Sigues alerta por dentro, pero todo el cuerpo entra en una profunda relajación.
Las ideas se aclaran por sí mismas, sin que necesites pasar de una a otra, sin que necesites tratar de ponerlas en orden. Es como si un arroyo se llena­ra de lodo… ¿Qué haces? ¿Saltas en él y ayudas a que el arroyo recupere su claridad? ¡Producirás más lodo! Sim­plemente te sientas en la orilla, y es­peras. No hay nada que hacer, porque cualquier cosa que hagas llenará más de barro el arroyo. Si alguien atravesó el arroyo y las hojas muertas volvie­ron a la superficie y subió el lodo, só­lo es necesario tener paciencia. Sim­plemente siéntate en la orilla, y obser­va, con frialdad. Y, a medida que el arroyo continúe fluyendo, se llevará
las hojas muertas y el lodo comenza­rá a bajar, pues no puede flotar eterna­mente. Después de un rato, en forma repentina, tomarás conciencia de que el arroyo está nuevamente claro como un cristal. Cada vez que un deseo atraviesa tu mente, el arroyo se llena de lodo. Así que simplemente siénta­te; no trates de hacer nada. En Japón, estar simplemente sentado se llama zazen: consiste sólo en sentarse y no hacer nada. Y, un día, acontece la me­ditación. No es que la vayas a buscar; te llega. Y, cuando la meditación llega a ti, la reconoces de inmediato. Siem­pre ha estado ahí, sólo que no estabas mirando en la dirección correcta. El tesoro ha estado contigo, pero estabas ocupado en otra cosa: en pensamien­tos, en deseos, en mil y una cosas. No estabas interesado en una cosa úni­ca… y era tu propio ser…
Cuanto más comprendes el meca­nismo de la mente, más posibilidades tienes de no interferir. Cuanto más en­tiendes cómo funciona la mente, más posibilidades tienes de poder sentarte en estado de zazen. De ser capaz de sentarte, sólo sentarte y no hacer na­da; de ser capaz de permitir que la meditación acontezca. Es un aconte­cimiento. ( 35 )

La meditación es TRANSFORMACIÓN

Si sientes una gran resistencia ha­cia la meditación, esto simplemente indica cuán profundamente pendiente estás de que suceda algo que modifi­que toda tu vida. Temes volver a na­cer. Has puesto tanto de ti en tus vie­jas costumbres, en la antigua persona­lidad, en la vieja identidad… Meditación es nada más que tratar de purificar el propio ser, tratar de re­frescarse y rejuvenecer, tratar de vol­verse más vivo y más consciente. Si temes la meditación, significa que le tienes miedo a la vida, que le temes al estado de conciencia, y la resistencia se produce porque sabes que, si entras en estado de meditación, es seguro que algo sucederá. Si no te resistes para nada, tal vez se deba a que no te tomas muy en serio la meditación; no la consideras muy sinceramente. En­tonces, puedes divertirte: ¿qué habría que temer? ( 36 )
Vandemecum de fitoterapia (pdf)

La meditación es volver a CASA

Hay en ti dos planos: el plano de lo mental y el plano de lo no mental. O bien, permíteme ponerlo en estos términos: el plano en el cual estás en la periferia de tu ser, y el plano en el cual estás en el centro de tu ser. Todo círculo tiene un centro, que puedes conocer, o no. Tal vez ni siquiera sos­peches que hay un centro, pero debe haberlo. Eres una periferia, eres un círculo: hay un centro. Sin un centro, no podrías existir. Hay un núcleo de tu ser.
En ese centro, ya eres un Buda, un siddha, alguien que ya ha llegado al centro. En la periferia, estás en el mundo: en la mente, en los sueños, en los deseos, en las ansiedades, en mil y un juegos. Y eres las dos cosas.
Poco a poco, puedes ir pasando de la periferia al centro y del centro a la periferia, muy suavemente, así como entras y sales de tu casa caminando. No creas una dicotomía. No dices: “Estoy afuera de mi casa, ¿cómo pue­do entrar?” No dices: “Estoy dentro de mi casa, ¿cómo puedo salir?” Hay sol afuera, está cálido y agradable. Te sientas afuera, en el jardín. Luego, ha­ce más y más calor, y comienzas a transpirar. Entonces, ya no es agrada­ble: simplemente, te levantas y entras a la casa. Allí está fresco; no es incó­modo. Ahora, está agradable. Sigues entrando y saliendo.
De la misma manera, un hombre con capacidad de conciencia y de comprensión pasa de la periferia al centro, y del centro a la periferia. No se queda estancado en ningún lugar. De la plaza comercial al monasterio, del sansar al sannya, de estar extro­vertido a estar intravertido. Sigue mo­viéndose continuamente, pues éstas son sus dos alas, no se oponen. Pue­den estar equilibradas en direcciones opuestas; tienen que estarlo. Si las dos alas estuvieran del mismo lado, el pájaro no podría levantar vuelo hacia el cielo. Deben estar en equilibrio, tie­nen que estar en direcciones opuestas, pero igual pertenecen al mismo pája­ro y le sirven al mismo pájaro. Tu in­terior y tu exterior son tus dos alas. Hay que recordar esto con mucha pro­fundidad, ya que hay una posibili­dad… de que la mente tenga una ten­dencia a quedarse estancada. Hay gente que se queda estancada en la plaza comercial y dice que no puede salir de ella y que no tiene tiempo pa­ra la meditación. Afirman que, aunque tuvieran tiempo, no sabrían cómo meditar y que no creen que sean capa­ces de hacerlo. Dicen ser mundanos: ¿cómo podrían meditar? Son materia­listas: ¿cómo podrían meditar? “Des­graciadamente, soy extravertido, ¿có­mo volverme hacia mi interior?”, di­cen. Han elegido una sola de sus alas. Y, por supuesto, es natural que esto provoque cierta frustración. Con una sola ala, seguro que habrá frustración.
Por otro lado, hay gente que se cansa del mundo y escapa de él: acu­den a los monasterios y al Himalaya, se transforman en sannyasins, mon­jes. Empiezan a vivir aislados, forzán­dose a una vida de encierro en sí mis­mos. Cierran los ojos, cierran todas sus puertas y sus ventanas, se transfor­man en mónadas (sin ventanas) de Leibnitz y entonces se aburren.
En la plaza comercial, estaban har­tos, estaban cansados, frustrados. Se estaba transformando en un manico­mio; no podían hallar descanso. Ha­bía demasiadas relaciones y pocas va­caciones, no tenían espacio suficiente para ser ellos mismos. Estaban cayen­do en las cosas, perdiendo su esencia. Se volvían cada vez más materialistas y cada vez menos espirituales. Esta­ban perdiendo su rumbo. Estaban per­diendo la conciencia misma de existir. Huyeron. Hartos, frustrados, se esca­paron. Ahora, están tratando de vivir aislados, haciendo una vida introver­tida. Más tarde o más temprano, se aburren. Nuevamente, han elegido otra ala, pero otra vez eligen una sola. Éste es el camino de una vida asimé­trica. Han caído nuevamente en la misma falacia pero del polo opuesto.
No estoy a favor ni de ésta ni de la otra. Me gustaría que fueras capaz de permanecer en la plaza comercial y, al mismo tiempo, de ser meditativo. Me gustaría que te relaciones con la gen­te, que ames, que te muevas en miles de relaciones (que te enriquecen) y aun así puedas cerrar las puertas y a veces puedas tomarte un descanso de toda relación, para poder relacionarte también con tu propio ser.
Relaciónate con otros, pero tam­bién contigo mismo. Ama a los de­más, pero también a ti mismo. ¡Sal! El mundo es hermoso, está lleno de aventuras; es un desafío, y te enrique­ce… ¡No te pierdas la oportunidad! Siempre que el mundo llame a tu puerta y te convoque, ¡ve! Enfréntalo sin temor: no hay nada que perder; tienes todo por ganar.
Pero no te pierdas. No sigas más y más hasta perderte. A veces, retorna a casa. A veces, olvídate del mundo:
ésos son los momentos de medita­ción. Cada día, si quieres ser equili­brado, debes equiparar lo interior y lo exterior. Ambos deben tener el mismo peso, de manera que tu interior nunca se torne asimétrico.
Esto significa la afirmación del maestro zen: “Camina en el río, pero no dejes que el agua te toque los pies.” Está en el mundo, pero no seas del mundo. Está en el mundo, pero no dejes que el mundo esté en ti. Cuando llegas a casa, llegas a casa: como si el mundo entero hubiera desapareci­do. ( 37 )

La meditación es vivir ALEGREMENTE

La vida carece de propósito. No te sobresaltes. Toda la idea de propósito es errónea: surge de la codicia. La vi­da es mera alegría, festividad, diver­sión, carcajada; carece de propósito alguno. La vida es su propio fin, care­ce de otro objetivo. En el momento en que entiendes esto, comprendes de qué se trata en todo el tema de la meditación. Consiste en vivir tu vida de manera alegre, festiva, totalmente, y sin una meta final, sin un propósito a la vista, sin finalidad alguna. Simple­mente, como un niño pequeño que juega en la orilla, juntando caracoles de mar y piedras de colores: ¿con qué finalidad? No hay propósito algu­no. ( 38 )

FUENTES

Todas las citas de este libro se han to­mado de las charlas editadas y no edita­das de Osho, un místico del siglo XX.
(1) The Golden Wind (El jardín dorado), charlas darshanas inéditas, capítulo 8.
(2) Ancient Music in the Pines (Música anti­gua en los pinares), capítulo 7.
(3) The Beloved (Los seres queridos), volu­men 1, capítulo 4.
(4) Ancient Music in the Pines, capítulo 7.
(5) Just Like That (Simplemente así), capítu­lo 6.
(6) The Invitation (La invitación), capítulo 21.
(7) The Ultimate Alchemy (La reciente alqui­mia), capítulo 16.
(8) From Death to Deathlessness (De la muerte a la inmortalidad), capítulo 16.
(9) Come Follow to You (Ven, síguete a ti mismo), volumen 3.
(10) Ancient Music in the Pines.
(11) Philosophia Perennis, volumen 2, capí­tulo 5.
(12) The Empty Boat (El bote vacío), capítu­lo 4.
(13) The First Principle (El principio funda­mental), capítulo 4.
(14) The Dhammapada (El Dhammapada), volumen 1, capítulo 7.
(15) 1 Celebrate Myself God Is No Where, Life Is Now Here (Me celebro a mí mis­mo: Dios no está en ninguna parte, la vi­da está aquí en este momento), capítulo 5.
(16) The Dhammapada, volumen 1, capítulo 7.
(17) From the False to the Truth (De lo falso a la verdad), capítulo 3.
(18) Ancient Music in the Pines, capítulo 7.
(19) The Dhammapada, volumen 10, capítu­lo 1.
(20) Ancient Music in the Pines, capítulo 7.
(21) The Beloved, volumen 1, capítulo 4.
(22) Ancient Music in the Pines, #7.
(23) The Book of Wisdom (El libro de la sa­biduría), capítulo 4.
(24) Ancient Music in the Pines, #7.
(25) Beyond Enlightment (Más allá de la ilu­minación), capítulo 29.
(26) Dang, Dang Doko Dan, capítulo 5.
(27) The Golden Wind, capítulo 15.
(28) Dang, Dang Doko Dang, capítulo 5.
(29) The Psychology of the Esoteric (La psi­cología de lo esotérico), capítulo 2.
(30) Hallelujah! (¡Aleluya!), capítulo 15.
(31) Ah, this! (¡Oh, esto!), capítulo 2.
(32) The Psychology of the Esoteric, capítu­lo 2.
(33) The Psychology of the Esoteric, capítu­lo 2.
(34) The Heart Sutra (El tratado del cora­zón), #7.
(35) Ancient Music in the Pines, capítulo 7.
(36) Ancient Music in the Pines, capítulo 4.
(37) A Sudden Clash of Thunder (El estruendo súbito de un trueno), capítulo 2.
(38) Zen: Zest, Zip, Zap Zing!, capítulo 11.

La Comunidad Internacional de Osho

La Comunidad Internacional de Osho de Poona, India, guiada por su visión, puede describirse como un la­boratorio, un experimento de creación del “hombre nuevo” (un ser humano que vive en armonía con sí mismo y con el medio que lo rodea, y que está libre de toda las ideologías y de todos los sistemas de creencias que actual­mente dividen a la humanidad).
La Multiversidad de la Comunidad de Osho ofrece cientos de talleres, grupos y prácticas, impartidos por sus nueve Facultades.
Todos estos programas están dise­ñados para ayudar a la gente a descu­brir el don de la meditación: el ser tes­tigo pasivo de pensamientos, emocio­nes y actos, absteniéndose de todo juicio o identificación. A diferencia de muchas disciplinas orientales, la meditación en la comunidad de Osho es una parte inseparable de la vida co­tidiana: el trabajo, las relaciones, o simplemente ser. El resultado de ello es que la gente no renuncia al mundo, sino que le aporta al mismo un espíri­tu de conciencia y de celebración, en un respeto profundo por la vida.
En la comunidad, cuando aclara el día, se hace la reunión de la Herman­dad de Túnicas Blancas de Osho. Es­ta celebración de dos horas de músi­ca, baile y un discurso de Osho es única: toda una meditación por sí mis­ma, en la cual miles de seguidores, se­gún términos de Osho, “se disuelven en un mar de conciencia”.
Manual practico de magia (pdf)
Para más información:
Muchos de los libros de Osho fue­ron traducidos y publicados en diver­sos idiomas a través del mundo. Para obtener información acerca de Osho (su meditación, sus libros, sus cintas grabadas, y la dirección de un centro Osho de meditación/información que te quede cerca, ponte en contacto con: Osho International Foundation
24 St James’s Street London SW1A 1HA, UK
O bien con:
Osho Commune Intemational 17 Koregaon Park
Poona 411001, India

 

“Efecto Mozart”

http://rosaura02.files.wordpress.com/2010/12/mozart.jpg?w=240

Se llama “Efecto Mozart” a la propiedad de algunos tonos y ritmos que ayudan a fortalecer la mente, a vivificar la creatividad, a activar emociones y a sanar el cuerpo. Este libro puede ayudarte a:

* Descubrir el poder transformador que encierran los ritmos y los sonidos
* Utilizar tu propia voz para sanar enfermedades y mejorar tu calidad de vida
* Elegir la música adecuada para ayudarte a conseguir tus objetivos
* Incorporar la visualización al sonido
* Integrar este poderoso medio de transformación en tu vida diaria
El efecto Mozart es además un relato de cómo médicos, chamanes, músicos y profesionales de la salud utilizan la música, los sonidos y la voz para tratar diversas enfermedades, y una guía en la que encontrarás los trastornos más frecuentes y cómo descubrir tu sonido para aliviarlos.

Español y formato PDF (1035 KB)

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El efecto Mozart
Música para bebés y niños

[Baby-Mozart-Musica-Para-Estimular-El-Cerebro-De-Tu-Bebe-Del-2000-Delantera.jpg]

Estudios científicos han demostrado que la música de Mozart tiene influencia en el comportamiento de los bebés, niños y tambien en los adultos proporcionándoles mayor desarrollo intelectual y creativo.

El músico y maestro Don Campbell, ha seleccionado algunas de las mejores composiciones de Mozart para estimular las mentes de bebés y niños, además de proporcionar un ambiente de paz y tranquilidad.

La estimulación musical surte efecto desde la semana 20 de gestación, por lo que también lo recomiendan para las embarazadas.

Existen varios CDs de El efecto Mozart para las distintas etapas en las que se encuentra el niño, incluso en el embarazo.

Las obras musicales de cada disco han sido cuidadosamente elegidas por el autor, para que los tiempos, tonalidades y textura de la música, varíen con cada selección, brindando una experiencia enriquecedora y educativa a niños de todas las edades.

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MANUAL DEL ARQUITECTO DESCALZO pdf

Este libro está dirigido a una amplia variedad de lectores y emprendedores de proyectos de construcción. Contiene consejos de construcción de acuerdo a los climas y condiciones locales. Sobre todo usando materiales económicos con técnicas tradicionales para obtener viviendas confortables construidas de mánera rústica. Contiene también importantes consejos sobre calentadores solares y algunas otrs máquinas simples que se pueden hacer de forma económica. Lo encuentro muy ameno e interesante aún cuendo no tenga planeado de construcción por el momento. Pero todo el que piense en hacer una casa en zona urbana o rural encontrará ideas muy interesantes

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COMO HACER UN HORNO DE BARRO

Desde que el hombre descubrió el fuego y, con él, la posibilidad de asar sus alimentos, ha buscado la forma de aprovechar la energía calórica. Así fue como surgieron diferentes modelos de hornos fabricados con materiales nobles. Tal es el caso de los que están hechos con barro, cuya estructura los hace capaces de conservar por mucho tiempo excelente temperatura para cocinar carnes, verduras, panes, pizzas y empanadas; y también para ahumar quesos y fiambres, entre otras delicias. Pedro M. Molina se dedica a la construcción de hornos de barro desde hace ya muchos años, y aqui vuelca su experiencia. A través de sencillas instrucciones, usted podrá fabricar su propio horno de barro o mampostería y preparar las exquisitas recetas que se incluyen en estas páginas.

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http://hotfile.com/dl/11782073/b854b4d/Como_Hacer_Hornos_De_Barro.pdf.html

JABONES LIQUIDOS

Por fin un libro sobre cómo hacer jabones líquidos en casa. Deje que la experta fabricante de jabones Catherine Failor le muestre, de la manera más sencilla, el lujoso mundo de la fabricación de jabones líquidos completamente naturales. Usando la sencilla técnica del baño María, usted puede crear económicos jabones de manos hidratantes, champús revitalizantes, geles para baños de burbujas estimulantes, y mucho más. ¡ Y todo hecho según su tipo de piel, las necesidades de su cabello o incluso de su estado de ánimo! Descubra lo sencillo que es dominar esta técnica de fabricación de jabones mediante un proceso a alta temperatura, y explore el arte de esta gratificante artesanía

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lengua de signos

Lengua de señas, o lengua de signos, es una lengua natural de expresión y configuración gesto-espacial y percepción visual (o incluso táctil por ciertas personas con sordoceguera), gracias a la cual las personas sordas pueden establecer un canal de comunicación con su entorno social, en este archivo encontraras do slibros dedicados al tema, una presentacion de power point y un escaner de imagenes con las diferentes señas (esto seria el tercer libro completo del tema)

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http://hotfile.com/dl/70542426/3d871a2/Lenguajeseas.rar.html

Cómo hacer orgonita

El invento de la orgonita se atribuye al doctor Wilhelm Reich (1897-1957), quien habría “descubierto” una energía vital (conceptualmente similar al prana, qi, kundalini, etc. de diversas religiones y filosofías místicas asiáticas) presente en todas partes, pero que puede ser básicamente positiva o negativa, teniendo según esta polaridad efectos buenos o malos sobre los organismos vivos.

Según su teoría, la orgonita “ordena” esa energía provocando consecuencias positivas en el entorno más inmediato.

Existen diversos tipos de comunidades alrededor de este tema, algunas pertenecen a creencias minoritarias que emplean la orgonita como herramienta, otras buscan negocio con la venta de dispositivos de orgón, pero ninguna ha demostrado científicamente ninguna de las utilidades que le atribuyen a la orgonita. La orgonita y sus supuestos beneficios entrarían pues en el campo de la pseudociencia, ya que no existen estudios científicos fiables que lo puedan convertir en un campo científico comprobable, y experimentado según el método científico.

¿Los políticos nos toman el pelo?

Hacen campañas para que ahorremos agua mientras riegan los parques aunque llueva, nos animan a ahorrar energía mientras hay una farola ultra potente a cada cuatro pasos, nos dicen que usemos la bici y no hacen más que construir autovías… ¿Qué pasa? ¿Las instituciones, nos toman el pelo descaradamente? ¿Sus campañas “ecologistas” son un maquiavélico lavado de cara?

Algunos políticos creerán sinceramente que sostenibilidad es poner contenedores de colores. Otras preferirán más desarrollo pero hablan de sostenibilidad por quedar bien. Otras, como algunas responsables de Medio Ambiente, a menudo quieren y aunque lo intentan, no pueden.

Lo que es seguro es que suele faltar valentía. Para enfrentarse a los grandes poderes económicos, y también para arriesgar y hacer políticas innovadoras y diferentes.

Pobrezas

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están solos.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.

ALGO QUE HACE PENSAR ——–

ALGO QUE HACE PENSAR ——–  ¡¡¡ YA ERA  HORA  !!!
Parece ser que solo personas con un IQ superior consiguen resolverlo. Piensa:

Si:
2 + 3 = 10
7 + 2 = 63
6 + 5 = 66
8 + 4 = 96
Entonces:
9 + 7 = ????

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